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martes, 18 de abril de 2017

¿Por qué no nos dejan aportar todo lo que podríamos?

Durante mis años de experiencia en el ámbito de la gestión de personas, he escuchado quejas de colegas sobre el poco peso que las direcciones generales dan a Recursos Humanos a la hora de tomar decisiones estratégicas. Bueno, debo reconocer que yo también me he quejado con cierta frustración, ya que consideraba que nuestro departamento tenía mucho que aportar y que esta información valiosa se tiraba por la borda. Visto así, tal vez nos falta un poco de humildad...

La respuesta es tan evidente como desagradable: no nos dejan aportar todo lo que podríamos porque no quieren. Es decir, nuestro cliente, quién nos paga la nómina, sólo quiere una parte de nuestros productos: hacer contratos, nóminas, sanciones, etc. Ese trabajo que debe hacerse sí o sí. Esto significa que, de momento, no es capaz de ver la ventaja competitiva que le aportaría comprar otro tipo de productos.

Es como si Samsung o Apple se quejasen constantemente porque los clientes no compran sus mejores teléfonos y los más caros. Si pensaran como nosotros, cuando un cliente compra un teléfono de gama baja o media, ellos sentirían frustración porque tienen mejores equipos para ofrecer y su cliente se queda con un teléfono que cualquier fabricante podría ofrecer. Sin embargo, ellos no hacen como nosotros: siguen mejorando sus teléfonos, invirtiendo en tecnología y publicidad para intentar demostrar a los futuros compradores que gastar más dinero en un terminal puede valer mucho la pena.

Quizás deberíamos hacer como ellos. En lugar de quejarnos y patalear porque no se nos tenga en cuenta en ciertas decisiones o equipos de trabajo, tendríamos que trabajar por demostrar nuestro valor añadido en el día a día con datos reales, con conocimiento del negocio y de las personas que lo componen y con rigor para ofrecer un producto de alta calidad por el que merezca la pena invertir más.

lunes, 20 de marzo de 2017

¿Diferenciarte de qué? ¿De quién?

Dicen los gurús de la gestión de personas que cuando buscas trabajo debes buscar aquello que te hace diferente de los demás. Incluso hay portales como Infoempleo que recomiendan técnicas para fomentar esa diferenciación. A veces da la sensación de que si tienes un blog profesional y un buen perfil en redes sociales, puedes aspirar a cualquier trabajo que te propongas.

Hace casi 15 años que, de una manera o de otra, he estado gestionado procesos de selección. Nunca me han pedido un comercial "diferente", sólo un "buen" comercial. Parece que ahora tengamos que inventar la sopa de ajo, pero las empresas quieren buenos profesionales de su sector, que aporten formación, experiencia y ganas suficientes para realizar las tareas asignadas de la mejor forma posible. En realidad les da exactamente igual si tienes un blog o un perfil de Twitter con muchos seguidores. Si además hablamos de un perfil poco cualificado (la mayoría de gurús de RRHH se olvidan de este tipo de profesiones de manera implicita) todavía peor. El dueño de la carnicería quiere un/a buen/a carnicero/a, no a un carnicero que participe activamente en los grupos de Linkedin. 

Si, tal como indican los estudios, los reclutadores dedicamos sólo unos segundos a cada currículum, ¿de verdad alguien cree que vamos a consultar tu blog y tu perfil en redes sociales sin más? Tal vez lo hagamos cuando el proceso esté más avanzado, pero no va a servirte para la primera criba.

Si tan importante es estar en las redes sociales, ¿por qué la mayoría de directivos del IBEX35 no tienen perfil en ellas? Supongo que no deben tener demasiado tiempo para ello...

Escribir cosas interesantes en un blog puede demostrar que escribes con cierta gracia o que conoces bien un tema (ambas cosas no tienen que estar relacionadas), pero eso no implica necesariamente que seas un buen profesional.

No te preocupes por ser diferente, sino por ser un buen profesional y por ser capaz de demostrarlo tanto a nivel 1.0 como en el 2.0.

viernes, 24 de febrero de 2017

La hipocresía del currículum ciego

Hace unos días apareció en los medios de comunicación la noticia de que el Gobierno prepara un programa piloto de currículums sin foto y nombre como lucha contra la discriminación.

En pleno debate sobre la muerte del currículum tradicional, aparece la noticia de que el gobierno se propone eliminar los datos personales y la fotografía para evitar la discriminación. ¡¡Y se quedan tan anchos!! En un país con una brecha salarial que algunos situan en un 23,25%, la gran solución es no poner la foto en el currículum. 

¿En serio nos creen tan tontos? ¿De verdad no se dan cuenta de que en cuanto el entrevistador llame al candidato/a sabrá si es hombre o mujer? ¿Le taparemos la cara al contratarle para evitar discriminaciones futuras cuando debamos decidir si le promocionamos o no?

Uno de los sectores con mayor discriminación por razón de sexo es el de los profesionales de recursos humanos. En las conferencias a las que asisto suele haber muchas más mujeres que hombres, pero entre los conferenciantes sucede lo contrario. Entre los técnicos suele haber más mujeres, pero los responsables del departamento suelen ser hombres.
La solución definitiva tampoco puede pasar por una discriminación positiva como exigir paridad en los consejos de administración. De hecho, la solución no debería dejarse en manos del mercado laboral, ya que se trata de un problema social que va mucho más allá del trabajo. La sociedad sigue siendo muy machista, aunque esté muy mal visto reconocerlo.

Las mujeres cobran menos que los hombres, es un hecho. En nuestra sociedad, cuando una pareja tiene un hijo y deben elegir quién se acoge a la reducción de jornada para su cuidado, valoran que si lo hace ella, la economía familiar se resentirá menos (ya que por hacer las mismas tareas ella cobra un 23,25% menos), además de que está socialmente más aceptado. Así, el empresario percibe que si promociona mujeres en su empresa, acabará teniendo problemas de disponibilidad por el cuidado que ellas deben tener de los peques, por lo que decide promocionar hombres. Y así se crea un círculo vicioso que el gobierno pretende romper con un currículum sin datos personales... ¡¡Olé!!

martes, 7 de febrero de 2017

Sobre el empleo de calidad

Después de unos meses acumulando pésimas noticias sobre los datos del paro en España, parece que últimamente empieza a aparecer alguna noticia un poco más esperanzadora. Cada vez que esto sucede, muchos medios de comunicación, partidos de la oposición y sindicatos resaltan que, si bien está bajando la cifra del paro o se está generando empleo, éste es precario. Así, mientras el partido del gobierno saca pecho por la bajada del paro, los demás menosprecian el dato por considerar que buena parte de los puestos generados son de baja calidad.

Me llama la atención el uso político que se hace del dato. Es cierto que el gobierno del PP hizo una reforma laboral importante en 2012 que fue criticada por toda la oposición, pero siempre me han surgido dudas sobre la capacidad real de un gobierno para crear empleo. ¿No son las empresas las que contratan en función de sus necesidades? Está claro que el gobierno legisla la forma de contratar, pero la decisión última es del empresario.

Por otro lado, también merece atención el término "precario". Hace unos años, los chavales de 25 años empezaban a trabajar en la construcción por un salario de 3.000 euros al mes. ¿Ese es el báremo? Posiblemente ni tanto ni tan poco. ¿Qué diferencia hay en el mercado laboral de aquella época con la actual? Entonces había mucha demanda y poca oferta de profesionales cualificados. Ahora sucede al contrario. Así que, por la ley de la oferta y la demanda, entonces el cliente que contrataba trabajo debía pagar mucho por él y ahora paga mucho menos. 

Si pensamos en determinados perfiles más demandados, como el sector IT, los profesionales siguen estando muy buscados y bien pagados (al menos en términos relativos)

Es imposible que la contratación deje de ser "precaria" hasta que la cifra de parados en el país sea más baja. Por tanto, aunque la situación actual dista mucho de la deseable, cualquier paso hacia la bajada de la tasa del paro debe ser motivo de celebración para el empleado medio, independientemente de las lecturas políticas que podamos o queramos hacer.

miércoles, 18 de enero de 2017

No, no puedes hacer todo lo que te propongas

Hace un tiempo hablamos sobre la zona de confort llevando la contraria a lo que dicen la mayoría de los gurús del management y de la gestión de personas.

Cada vez más, me sucede lo mismo con la idea de que debes superar tus límites y conseguirás todo lo que te propongas. A modo de ejemplo:
Es decir, si quiero batir el record del mundo de maraton a mi edad, debo invertir mis esfuerzos en hacerlo... hasta que me lesione, supongo.

Este tipo de frases son muy habituales en el contexto deportivo, pero cada vez más, directivos de algunas empresas las utilizan para "motivar" a sus empleados, a pesar de que se supone que saben que los objetivos deben ser realistas y alcanzables para ser motivadores.

Otro ejemplo:
Paremos (y nunca mejor dicho) un momento para analizar lo que relamente nos están diciendo: Si práctico running y pienso en parar porque me duele alguna parte del cuerpo o porque llevo una cantidad de kilómetros que no puedo asumir, lo que tengo que hacer es acelerar. ¿Quién ha escrito esto? ¿un fabricante de antiinflamatorios?

¿De verdad alguien se cree este tipo de frases? ¿alguien cree que la competitividad llevada al extremo nos hace mejores? 

Es evidente que sin un esfuerzo previo no hay recompensa. Sin formación, experiencia o compromiso no creceré profesionalmente, pero difícilmente con estos ingredientes podré conseguir todo lo que me proponga. De hecho, superados los 35 años ya no puedo ser deportista profesional, soldado o policia en muchos paises.

Es decir, el esfuerzo es un requisito imprescindible pero no suficiente para el éxito.

jueves, 29 de diciembre de 2016

¿Sirven para algo las referencias?

Estamos muy acostumbrados a pedir referencias profesionales de un candidato a las empresas en las que trabajó anteriormente. Esta suele ser una fuente más de datos que sirve para confirmar o clarificar aquellos aspectos que durante el proceso de selección no hayan quedado de todo claros. De hecho, la mayoría de consultorías de RRHH suelen incluir estas referencias en los informes que hacen de los candidatos.

Dentro del mundo 2.0 han ido apareciendo nuevos formatos de referencias y cada vez es más común encontrarlas en los perfiles de Linkedin.

Es algo muy habitual y aceptado, pero particularmente me generan dudas:
  • ¿A quién debemos pedir las referencias? Muchos entrevistadores piden al entrevistado el nombre y el teléfono de alguna persona que supervisara su trabajo anteriormente. Hace poco, una amiga me decía que ella solía dar el teléfono de su pareja para asegurarse de que las referencias siempre fueran impecables. Si alguien tuviera algo negativo que decir del candidato en una empresa determinada, ¿éste iba a ser tan tonto/a de darnos su contacto o buscaría a alguien con quien tuviera buena relación en la empresa?
  • En muchas empresas es habitual hacer una carta de recomendación totalmente impersonal afirmando que una persona formó parte de su plantilla durante un periodo de tiempo realizando sus tareas de "forma satisfactoria". Esto no significa que fuera bueno/a, sino que estuvo allí. Además, este tipo de cartas suelen entregarse sólo a los empleados que las piden para orientar su futura búsqueda de empleo y, al hacerlas, la empresa evita un posible conflicto por negarse a entregarla. 
  • Sobre las recomendaciones en Linkedin hay poco que decir. En la mayoría de casos son recíprocas, es decir, un peloteo mutuo. Incluso es cada vez más habitual la frase "eres más falso que una recomendación de Linkedin". Basta con tener un perfil creado para empezar a recibir "validaciones" de tus habilidades por parte de gente que ni te conoce ni te ha visto trabajar nunca.
  • ¿Miente el candidato/a o el jefe/a? Es cierto que un candidato puede mentir durante el proceso de selección, pero el jefe resentido porque un buen trabajador le abandonó/traicionó también puede hacerlo, ¿no? Si encontramos versiones opuestas, ¿por qué debemos creer a uno y no a otro? Si llamamos a una empresa de la competencia, ¿por qué deberían facilitarnos unas referencias válidas? ¿para vender menos y que nosotros vendamos más?
  • No todos los jefes son iguales, por lo que un jefe más exigente tenderá a dar peores referencias que uno que no lo sea, por lo que el proceso de selección pierde objetividad.
  • El paso del tiempo afecta a la memoria y, por lo tanto, a las referencias recibidas. ¿En serio alguien se acuerda de un empleado que estuvo 6 meses hace casi 10 años?
  • No todas las empresas facilitan referencias laborales, de manera que el proceso de selección pierde objetividad. ¿Qué sucede si un candidato sólo ha trabajado en una empresa grande durante mucho tiempo y ahora no se nos facilitan referencias? ¿Obviamos este punto para este candidato pero lo tenemos en cuenta para el resto?
Las referencias laborales son una herramienta más del proceso de selección, pero me atrevería a decir que, por diferentes motivos, tienen muy poca validez predictiva. Para mejorarla debemos:
  • Asegurarnos de quién es nuestro interlocutor y el cargo que ocupa en la empresa. Esta información debe ser contrastada. De hecho, si conseguimos hablar con el departamento de RRHH o con el jefe directo sin necesidad de pedir los datos al candidato, mucho mejor.
  • Valorar la implicación real de la persona que está facilitando las referencias. ¿Está cubriendo el expediente o nos está razonando su respuesta? Si nos piden que las pidamos por escrito y la respuesta llega de forma escueta, no hay lugar a dudas.
  • Intentar que nos pongan ejemplos que reafirmen lo que nos están diciendo, aunque esto no siempre es sencillo por la falta de tiempo. ("¿a qué se refiere con esto? ¿puede ponerme algún ejemplo?"

Sin embargo, cuando las referencias de una empresa concreta son negativas, éstas suelen prevalecer por encima de todos los datos obtenidos durante el proceso de selección. Valoremos cada caso en su justa medida y consideremos la fiabilidad de los datos obtenidos.

 Por cierto, en aquellos casos que sea posible, ¿por qué no pedir una carta de recomendación a un cliente?

martes, 13 de diciembre de 2016

Se trata de evolucionar, no de revolucionar

Hace un tiempo, después de unos pocos días trabajando en un nuevo empleo, el gerente me preguntó la opinión que tenía de las políticas de RRHH de la compañía y me pidió las ideas y sugerencias de mejora que tenía en aquel momento. Yo acababa de aterrizar y mi procedencia era otra empresa completamente diferente en todos los aspectos, por lo que me resultaba fácil identificar muchas cosas que, al menos, llamaban mucho mi atención. Sin embargo no mencioné ninguna de ellas y le pedí tiempo antes de poner en duda los métodos de trabajo que habían conseguido mantener a la compañía con buenos resultados económicos hasta aquel momento. Insistió, pero yo sabía que hablar más de la cuenta en aquel momento podría costarme arrepentirme en el futuro.

A medida que fueron pasando las semanas, me fui aclimatando a mi nuevo ecosistema, completamente diferente al que había vivido durante muchos años en mi empleo anterior. Una vez conocida la cultura, los valores y las necesidades reales que tenía la empresa en aquel momento, los métodos y procesos de RRHH empezaron a cobrar mayor sentido para mí. En ese momento, hice un informe, me reuní con Gerencia y empezamos a introducir, de forma progresiva, cambios en el día a día de la gestión de personas. Ahora tengo claro que si hubiera querido hacer una revolución, aunque era lo que el cuerpo me pedía en algunos momentos, me hubiera estrellado.
Tengo la sensación de que el management en general se está contagiando de esa "necesidad de cambio constante" que los grandes gurús nos intentan inculcar. Parece que si no abandonamos nuestra zona de confort y no vivimos eternamente en situación de estrés, es imposible que seamos alguien en la vida, aunque ya vimos en el blog que esto no es así. ¿Y si todo va bien? ¿y si necesito dar un tiempo a los cambios que he introducido para ver si funcionan antes de hacer más modificaciones? ¿y si no soy mucho mejor profesional que las personas que estaban antes que yo en el cargo? ¿y si las políticas que funcionan muy bien en una empresa no encajan en otra que es diferente?

Creo que, en el fondo, es una cuestión de humildad, de asumir nuestras propias limitaciones y entender que somos nosotros los que debemos adaptarnos al entorno y a partir de ahí irlo modificando poco a poco. Salvo algunas excepciones, dónde la gestión realmente haya sido desastrosa y no tendremos tiempo para maniobrar, hay que dedicar tiempo y esfuerzo al análisis. De lo contrario, nos identificarán como bichos raros y nos expulsarán.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Liderazgo impostado

Ya vimos hace un tiempo lo fácil que es aprenderse teorías del liderazgo y lo difícil que resulta ponerlas en práctica para aquellas personas que se centran únicamente en los resultados a corto plazo y se olvidan de las personas. Son muy eficientes en el corto plazo, pero a largo plazo, obtienen equipos destrozados que dejan de obtener buenos resultados. Pero para entonces ellos ya estarán (o esperan estar) en otro lugar. 

Liderar es creer en el proyecto a corto, medio y largo plazo. Pero sobretodo es creer en las personas siempre, incluso cuando las cosas no salen bien a la primera.

Pero hay un tipo de liderazgo más complejo. Desconozco si ya tiene nombre académico, pero merece una mención especial en el blog: el líder impostado.

Se trata de una persona que reúne buena parte de las características necesarias para liderar a un equipo pero decide abandonarlo a su suerte y primar sus objetivos individuales. Es un liderazgo que parte de la mentira y vive de la continua apariencia. El grupo se siente identificado, valorado y defendido por su líder hasta que alguno de sus miembros se da cuenta de que eso no es cierto. Evidentemente, al perder la credibilidad, el líder pasa a ser el enemigo, pero para ese entonces es posible que ya haya obtenido lo que buscaba.

El líder impostado es una persona hábil en las relaciones sociales, con alto conocimiento de su área de trabajo, buenos resultados y con un discurso cuidado y trabajado con el que consigue enamorar a sus compañeros. Pero esa misma persona se transforma cuando habla a solas con un superior y, entonces, no duda en anteponer sus propios intereses a los del grupo. Posiblemente esta sea la única diferencia entre un liderazgo impostado y uno real. Esa carencia hace que el liderazgo impostado tenga fecha de caducidad, ya que antes o después una parte del grupo detectará la mentira y el líder impostado perderá toda la credibilidad y pasará a ser percibido como un cretino.

Liderar de verdad es jugar en equipo, entender que para crecer necesitas a las personas que te apoyen, que confíen en ti y, si es necesario, arriesgar por ellas. De lo contrario, el resultado es peligroso y contraproducente. Cuando el grupo empiece a percibir que el líder no va a aportar cosas positivas, le abandonará a su suerte.

lunes, 7 de noviembre de 2016

¡No me pagan por pensar!

¡Claro que sí! Ha llegado el día de hacer un pequeño homenaje a una de las frases más populares de cualquier compañía. Por mucho que pasen los años y por mucho que cambie el mercado laboral, esta frase resiste sin mostrar signos de cansancio.
Por partes:
  • Tampoco te pagan por respirar y respiras mientras trabajas, ¿no? Es decir, como ser humano, piensas siempre. De hecho, para llegar a la conclusión de que no te pagan para pensar, ya estás pensando. Para saber que tu jefe/a, tu trabajo o tus condiciones son indecentes, también has tenido que realizar un razonamiento previo.
  • Por tanto, si no te pagan para pensar, sería mejor que pusieran una máquina, ya que no aportas nada que no pueda aportar una máquina. Es más, ella es más barata, no cogerá la baja y no se quejará nunca. Así que, si realmente crees que no te pagan para pensar, ves buscando curro. Ten la certeza de que, tarde o temprano, te sustituirá una máquina. Es más, cuando eso suceda, piensa que habrá gente que piense que lo merecías. Al fin y al cabo eres un/a conformista y un empleado muy mediocre.
  • Quién expone sus opiniones corre el riesgo de equivocarse o de que éstas no sean bien recibidas. Quién no las expone para no correr ese riesgo… será sustituido/a por una máquina.
No es lo mismo asumir el rol pasivo de no hacer nada por cambiar una situación determinada que luchar constantemente contra gente que no quiere escuchar a los que están por debajo en un organigrama. Es decir, no es lo mismo no sentirse escuchado o comprendido que adoptar la actitud de quejarse constantemente sin aportar nada para buscar soluciones. Si no nos sentimos escuchados, es posible que buena parte de la culpa sea de la empresa. Si adoptamos la actitud de la queja, toda la culpa será nuestra.

El próximo día de inspiración, dedicaremos otro post al gran “¡yo soy asín!” (la n al final de así no es un error tipográfico)

domingo, 23 de octubre de 2016

¿Por qué elegimos al líder?

Mucho se ha escrito ya sobre las cualidades que debe tener un buen líder. Hace un tiempo las repasamos en la entrada "cuánto cuesta el liderazgo" y valoramos como casi imposible que una sola persona pudiera reunirlas todas. Pero lo cierto es que hay personas que lideran grupos y otras que no. ¿Cuál es la clave del liderazgo? ¿Qué hace que el grupo decida seguir a un miembro y no a otro?

Todos los motivos que han escrito los gurús del liderazgo se resumen en uno solo: elegimos como líder a aquella persona que pensamos que nos va a ir mejor para defender nuestros intereses como grupo o como individuos.

Ya desde niños suelen ser los padres los que influyen en diferentes aspectos de la vida. No en vano, ellos nos facilitan los recursos necesarios para subsistir.

Lionel Messi o Cristiano Ronaldo son líderes sobre un campo de fútbol porque son excelentes jugadores y pueden determinar muchas victorias a sus equipos, aunque es posible que fuera del campo no sean capaces de liderar en ningún otro aspecto de la vida.

Por experiencia, por cualidades, por conocimiento, por integridad, por capacidad de sacrificio, por hacer fácil lo difícil... Cualquier motivo es válido siempre que sea reconocido como importante por el grupo. Basta con destacar en un solo aspecto para que el grupo identifique a un solo miembro como líder, ya que considerará que hacerlo ayudará a conseguir los objetivos comunes.


jueves, 6 de octubre de 2016

El mensaje para los que se quedan es muy importante

Cuando un/a trabajador/a se desvincula o está a punto de hacerlo, tendemos a ver de forma diferente el trato que debemos darle. Si la desvinculación viene por su parte, además, surgen los egos y orgullos si se entiende que hay infidelidad o traición. Ya vimos hace un tiempo que la relación laboral se basa en un contrato de trabajo, pero todavía son muchos los empresarios que reaccionan de forma vengativa ante estas situaciones, ya que se lleva al terreno personal. Al fin y al cabo, la imagen que el empleado tenga de la compañía pasa a ser poco importante, ya que finaliza su vinculación con la empresa y ya nos preocupan poco su compromiso y motivación.

Sin embargo, cada vez que decidimos tomar (o no tomar) una acción que afecta directamente a un empleado, todos los que están a su alrededor lo sabrán y entenderán que esa es la manera de actuar de su compañía y que, por lo tanto, en un futuro, podrían recibir un trato similar. Por ejemplo, si decidimos sancionar a un trabajador por llegar tarde de forma repetitiva, es muy probable que sus compañeros/as lo sepan e interpreten que la empresa no consiente bajo ningún concepto la falta de puntualidad. Si no lo hacemos y el empleado sigue llegando tarde sin que pase nada, daremos el mensaje contrario y es probable que en un tiempo sean más los empleados que no fichan en su horario.

Cada vez que tomamos una decisión con el individuo, ésta afecta de forma indirecta al grupo, tanto si es percibida como justa o no. Del mismo modo que sabemos que la reputación de una marca se transmite de boca a boca, un exempleado mal gestionado es un cliente interno enfadado y trasladará su malestar a sus compañeros.

No se trata de malcriar a nuestros equipos, pero sí de intentar ser justos y no dejarnos llevar por la impulsividad y castigar de forma caprichosa, ya que eso tiene un alto precio social.

¿Por qué no nos dejan aportar todo lo que podríamos?

Durante mis años de experiencia en el ámbito de la gestión de personas, he escuchado quejas de colegas sobre el poco peso que las direccion...