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miércoles, 28 de agosto de 2013

La importancia de los gregarios

A día de hoy, si buscamos en Google la palabra "líder", encontramos más de 68 millones de entradas. Si la búsqueda se hace con "liderazgo", el buscador nos devuelve más de 24 millones de entradas. Son datos curiosos, pero a nadie se le escapa lo mucho que se ha escrito sobre liderazgo en el mundo de la gestión de personas. En este mismo blog, una de las primeras entradas ya hablaba sobre este tema, aunque desde una perspectiva un tanto particular y crítica. 

En cualquier caso, el post de hoy quiere centrarse en "los otros". Esos que convierten al líder en lo que es (para bien o para mal): los gregarios. Sobre ellos se ha escrito bastante menos. De hecho, les he llamado "gregarios" porque no tienen un nombre técnico, a pesar de que en todos los equipos suelen ser más numerosos que los líderes. Es un término que se utiliza mucho en ciclismo y sirve para denominar a aquellos corredores que pedalean al servicio de su líder: le llevan comida y bebida, pedalean por delante para cortarle el aire y que gaste menos energía al avanzar, le acompañan en las subidas mientras le marcan el ritmo. De hecho, sacrifican todo su esfuerzo por su líder sabiendo que no aspiran a nada más que eso por muy dura que sea la carrera.


Siguiendo con ejemplos deportivos, Messi o Cristiano Ronaldo serían excelentes jugadores en equipos más humildes, pero difícilmente tendrían el palmarés que acumulan rodeados de grandísimos futbolistas. Sería raro entonces que tuvieran el protagonismo que tienen ahora mismo en todos los medios de comunicación. La importancia del liderazgo en el mundo futbolístico llega al absurdo de entregar premios individuales en un deporte que es de equipo (bota de oro, pichichi, etc.)

En el mundo empresarial es fácil liderar a gente que quiere ser liderada. No es lo mismo ponerse a tirar de un equipo nuevo de trabajo con un proyecto interesante que hacerlo con un grupo que lleva mucho tiempo trabajando de la misma manera en una tarea rutinaria. No es lo mismo trabajar con gente que aporta experiencia y formación que con gente que no tiene ni una cosa ni otra.

El líder, si lo es, debe ser consciente de la importancia que tienen sus compañeros para el desarrollo de los proyectos. Debe ser consciente que sin ellos, él no es. Por ello, volviendo al mundo ciclista, debe buscar tándems donde todo el mundo aporta para el beneficio común. También los líderes, deberían saber sacrificarse por sus gregarios de vez en cuando y, si es necesario, llevarles agua y comida. Sólo de esa manera se consiguen los mejores resultados. 

Los éxitos nunca son del líder, sino del equipo.

lunes, 19 de agosto de 2013

4 aspectos básicos para educar niños y gestionar personas

Hace un tiempo leí la teoría de los cuatro fundamentos de Roy Lessin. Según este autor, la educación de los niños debe sustentarse en cuatro pilares básicos: amor, disciplina, enseñanza y ejemplo. Estos factores actúan como las patas de una mesa, es decir, todos son necesarios para que la educación sea correcta, pero además, es necesario que todos coexistan en su justa medida, ya que si no es así, la mesa (educación) no mantendría el equilibrio. Por ejemplo, si existe mucho amor y poca disciplina, se crían niños caprichosos y egoístas. El caso contrario genera dolor, frustración y resentimiento en los niños. En cuanto a las otras dos patas, la instrucción sin ejemplo carecerá de efecto, ya que los niños no observan congruencia entre lo que les decimos y lo que hacemos como adultos. El ejemplo sin la instrucción hace que el niño no entienda porqué debe actuar de la misma forma que sus padres, por lo que también carecerá de efecto.

Parece una teoría sencilla pero válida. ¿Podemos aplicarla a la gestión de personas? Es posible que sí, lo que nos llevaría a concluir que gestionar plantillas tiene puntos en común con la educación de un niño.


Para que sea más fácil de entender y aplicar, podemos adaptar los nombres de los 4 pilares que propone Lessin:

Amor = Valor
Disciplina = Exigencia
Enseñanza = Formación
Ejemplo = Ejemplo

Valor, exigencia, formación y ejemplo deben administrarse de forma equilibrada. Si valoramos mucho a nuestros equipos pero no somos exigentes con ellos, se generarán trabajadores mal acostumbrados, desagradecidos y poco productivos. Si por el contrario somos muy exigentes pero no valoramos el esfuerzo de nuestros equipos conseguiremos desmotivarlos, los mejores trabajadores buscarán un sitio donde se sientan valorados y generaremos un clima de trabajo insostenible.

Con la formación y el ejemplo tendríamos el mismo problema que con los niños. Si no formo a mi plantilla, pronto perderá productividad y por lo tanto será menos valiosa. Pero si formamos a los colaboradores y los mandos intermedios o los directivos no predican con el ejemplo, todos los cursos que hagamos perderán su valor.

Por lo tanto, a modo de conclusión, la gestión de personas parece tener bastantes puntos en común con la educación de los niños. El principal, es el éxito de aplicar el sentido común a nuestras ideas y nuestros hechos.

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